** Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Morelia
En el espíritu del Niño Jesús, Nuestra Paz, dirijo a todo el Pueblo de Dios
que peregrina en esta querida arquidiócesis de Morelia, mi saludo y mensaje
de año nuevo, con mucho cariño:
o A la gobernadora Libia Dennise y al gobernador Alfredo, a los
diputados, senadores y presidentes municipales de los estados de
Guanajuato y Michoacán,
o a los responsables de organizaciones e instituciones de la
sociedad civil, en el área de la salud, educación, economía, cultura…
o a los líderes de las diversas iglesias y expresiones de fe,
o a monseñor José Armando Álvarez Cano, arzobispo coadjutor,
al señor Alberto Cardenal Suárez Inda, a los obispos eméritos:
Octavio, Carlos y Salvador, al presbiterio de Morelia, al seminario, a
las religiosas y religiosos,
o y a todas las personas de buena voluntad de esta querida Iglesia
Metropolitana de Morelia.
A todos les deseo que, en este nuevo año 2026, caminemos como
promotores y artesanos de la justicia, la reconciliación, el perdón y la paz,
acompañados con la misericordia y el amor de Dios, para alcanzar la gracia
de ser mejores personas y crear una nueva humanidad.
GRACIAS POR EL AÑO DE LA ESPERANZA, JUBILEO 2025
Al comenzar el nuevo año 2026, elevamos nuestra plegaria y nuestro
corazón agradecido al Señor, Jesús, nuestra paz, especialmente por las
gracias recibidas en el año 2025, reconociendo que todo tiempo estamos en
sus manos. Le agradecemos por el año jubilar que ha concluido, por el don
de la vida, por lo que henos aprendido, por las pruebas superadas y por la
gracia de sostener nuestro caminar aun incluso en los momentos más
difíciles. Por lo que expresamos de corazón: «Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2).
Gracias por cada gesto de bien, por cada familia que resistió unida, por
cada comunidad que no cerró su corazón, por cada sacerdote y consagrado
que siguió sirviendo aun en la dificultad. Pero la gratitud verdadera también
nos lleva a reconocer lo que no ha sido fiel al Evangelio, lo que necesita ser
sanado y reconciliado. Solo quien agradece con verdad puede abrirse a la
conversión.
MIRAR CON ESPERANZA EL MOMENTO DE NUESTRA HISTORIA
El paso del año 2025 al 2026 nos invita a mirar con esperanza la realidad
de nuestra historia. Nuestra sociedad continúa presentando grandes
desafíos: la violencia que hiere a tantas familias, la inseguridad que genera
miedo, la pobreza que limita oportunidades, y la tentación del individualismo
que debilita el tejido social, dentro y fuera de la iglesia, en las instituciones
públicas y privadas. Estas realidades nos interpelan especialmente como
responsables de la Buena Nueva y nos llaman a responder desde el
Evangelio como promotores y artesanos de la paz. Nuestra Iglesia
diocesana se renueva con el anuncio para ser guiada con un nuevo obispo
metropolitano.
PROTAGONISTAS DE LA RECONCILIACIÓN Y CONSTRUCTORES DE LA
PAZ
La realidad que nos desafía se renueva con la verdad del Evangelio, un
camino distinto: el camino de la paz que nace de la reconciliación. No habrá
paz verdadera mientras no sanemos las rupturas del corazón, mientras no
aprendamos a perdonar, mientras no reconstruyamos la confianza rota. San
Pablo nos lo recuerda con claridad: «Dios nos confió el ministerio de la
reconciliación» (2 Cor 5,18). Esta misión no es solo de algunos; es
responsabilidad de toda la Iglesia, de todos los bautizados, los consagrados
y de todas las personas de buena voluntad.
Reconciliarnos con Dios, con la naturaleza, con los demás y con nosotros
mismos es hoy un acto profundamente profético. Significa romper la lógica
de la venganza, de la traición, de la mentira, del engaño, del odio y de la
exclusión. Significa atrevernos a dialogar con sinceridad, escuchar con el
corazón, a reconocer el daño causado y a dar el primer paso hacia el
encuentro. « Busquen la paz y síganla » (Sal 34,15).
A LA COMUNIDAD ECLESIAL Y LAICAL
Los invito desde lo más profundo de mi corazón queridos sacerdotes,
consagrados y consagradas, sigan siendo signos visibles de misericordia,
puentes y no muros, pastores con olor a oveja no se cansen de acompañar
y animar procesos de sanación, de reconciliación y de paz. Y a ustedes,
fieles laicos de las comunidades parroquiales, movimientos y grupos
laicales, los exhorto a no delegar la construcción de la paz: la paz comienza
en la familia, en el barrio, en la escuela, en el trabajo, en la manera en que
hablamos y trato cotidiano con cada uno de nuestros hermanos.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9).
Queridos hijos. «No se dejen vencer por el mal; al contrario, venzan el
mal con el bien» (Rom 12,21). Dios sigue creyendo en su pueblo, como Pueblo de Dios, presente en estas benditas tierras iniciadas en la fe por el venerable Tata Vasco de Quiroga, sigamos siendo luz en medio de la noche, inspirados por su legado de fe y entrega generosa en el anuncio del
evangelio.
RECONSTRUIR Y CAMINAR JUNTOS EN EL NUEVO AÑO
Que este nuevo año sea una oportunidad para fortalecer nuestras comunidades, sanar heridas, reconstruir la confianza y caminar juntos como Iglesia sinodal. Pongamos nuestros proyectos, sueños y preocupaciones en
manos del Señor, confiando en su promesa: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).
ORACIÓN Y BENDICIÓN
Señora de la Salud, Madre de esperanza y de paz te confió mi vida y el pueblo de Dios de esta querida arquidiócesis de Morelia, pongo en tu regazo
nuestra historia y los propósitos de cada uno para este año 2026. Inspíranos
acoger la voluntad de Dios y a ser instrumentos de amor, justicia, reconciliación y paz en todos los espacios de nuestra querida Iglesia de
Morelia.
Con un corazón agradecido y lleno de esperanza, les bendigo, en Cristo
nuestra paz y nuestra fortaleza. ¡Feliz años 2026!
En Cristo nuestra Paz
** Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Morelia


