**Rigoberto Márquez Verduzco
** Representante de Morena ante el Instituto Electoral de Michoacán (IEM)
No creo exagerar cuando afirmo que las michoacanas y los michoacanos atestiguamos el nacimiento de una nueva era política. Estamos ante un momento fascinante, donde los usos y costumbres de la vieja politiquería se resquebrajan ante la autoridad moral de la honestidad y el trabajo. Este jueves se escribió una nueva página de esta historia.
“Sin deuda no hay desarrollo”: una creencia que, a falta de imaginación (y de vergüenza) se erigió en verdad absoluta durante muchos muchos años… Demasiados. Por eso, al inicio de la actual administración el pueblo de Michoacán debía más de 22 mil millones de pesos. ¿Alguien se puede imaginar tantos ceros juntos? Si pudiéramos hacerlo, tal vez veríamos el escándalo. Vamos a analizarlo, con todo rigor.
Hasta ahora, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla ha invertido 10 mil millones de pesos en Morelia. Ha alcanzado para 21 obras, entre ellas, el Teleférico, el distribuidor vial Eréndira (Mercado de Abastos) y el de la salida a Pátzcuaro, la construcción de los segmentos 1, 4 y 5 del segundo anillo Periférico y el Paso Catrinas (Villas del Pedregal).
La pregunta es ésta: ¿por qué no se había visto antes un proyecto de infraestructura pública tan ambicioso como éste con una inversión de 10 mil millones de pesos?, si el dinero con el que se comprometió el futuro de las nuevas generaciones era más del doble, 22 mil millones ¿Dónde quedó? Todos sabemos la respuesta, pero en la cultura de “el que no tranza no avanza”, se normalizó la indecencia.
Un gran revolucionario dijo alguna vez: “la política es el arte de hacer posible lo necesario”, y en Michoacán, por muy necesario que era ponerle alto a estos abusos, hasta hace poco se veía como imposible. Se requería de un líder que demostrara, en la realidad más palpable, que el desarrollo compartido no se consigue con deudas, sino con la buena administración de lo que hay, que no es lo que quisiéramos, pero tampoco es poco.
En cuatro años, el gobernador ha emprendido el proyecto de obra pública más ambicioso en las últimas cinco décadas. Al terminar su sexenio, el estado será totalmente diferente al que recibió. Hasta el momento, y entre lo más trascendente, éstas son algunas de las obras que ha emprendido:
– Inversión histórica en rehabilitación de carreteras, con mantenimiento garantizado hasta 2027.
– Ampliación a cuatro carriles de la Autopista Siglo XXI, desde Pátzcuaro hasta el Puerto de Lázaro Cárdenas; uno de los más importantes del continente.
– Varios tramos del segundo Anillo Periférico de Morelia.
– Los teleféricos de Morelia y Uruapan.
– Un metrobús en la capital michoacana.
– Un nuevo y modernizado Mercado de Pátzcuaro.
– Aulas, laboratorios, canchas, comedores y demás infraestructura educativa en secundarias y primarias.
– Rescate o habilitación de varias sedes de la UMSNH: Huetamo, Uruapan, Zamora y Zacapu.
– Inicio de la construcción de la Universidad de Aquila y una secundaria técnica en Acuitzio del Canje; una en Villas del Pedregal y otra en Lázaro Cárdenas.
– Hospital comunitario de Arantepacua, como un acto de justicia ante las vejaciones ejercidas en 2017.
– Hospital comunitario de Maruata, reconstruido tras el sismo de 2022.
– Hospital comunitario de Nahuatzen, priorizando la atención a los pueblos indígenas en la Meseta Purépecha.
– Y a todo esto hay que agregar lo que se venga con el Plan Michoacán “Por la Paz y la Justicia” del gobierno federal.
¿Dónde está el milagro? Contrario a lo que muchos podrían creer, menos en el aspecto técnico-financiero y más en el de los principios, en las convicciones morales heredadas por el fundador de nuestro movimiento, nuestro comandante en jefe Andrés Manuel López Obrador, cuyo proyecto es ahora continuado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. No es magia, es un Movimiento de Regeneración Nacional y no de transiciones simuladas.
No se crearon nuevos impuestos y, los que existen, no subieron más allá del índice inflacionario. El motivo es que no se puede cobrar al pueblo la mala administración de sus gobiernos. La “magia” está en saber recaudar lo que ya se contribuye y en saber gastar lo que se recauda. En dos palabras: eficiencia y eficacia. Nada más y nada menos.
Con la autoridad moral que otorga el haber demostrado que el problema no era que no había, sino que se gastaba mal, el gobernador envió al Congreso del Estado una iniciativa para reformar la Constitución local. El objetivo, prohibir que los gobernantes contraten deudas por plazos que excedan los de sus administraciones: si no lo pueden pagar ellos mismos, que no los contraigan. ¡Que esté prohibido comprometer el futuro del pueblo!
La propuesta no es sólo un cambio legal, una simple reforma o un trámite legislativo. El proyecto es un golpe de realidad, una verdadera palanca jurídica que obligará a los gobiernos futuros a pararse en seco, a actuar con honestidad, imaginación y pericia, porque la ley se los demanda, si no lo pueden hacer por convicción y deseo propios.
La iniciativa fue entregada por el Poder Ejecutivo del Estado al Poder Legislativo el 18 de diciembre de 2025. El miércoles 4 de febrero fue admitida para su discusión. Una semana después, el día 11, fue turnada a comisiones. Pero la fecha clave fue el jueves 12 de febrero de 2026, cuando la propuesta fue aprobada. Reconozco a las y los compañeros diputados, que lograron convencer a todas las fuerzas políticas.
Estamos ante un acontecimiento histórico: el nacimiento de una nueva era política en Michoacán. Una nueva era en la que no caben ni las vacilaciones ni las corruptelas. Una era de priorizar al pueblo. Una era de prosperidad compartida. El gobernador Alfredo Ramírez no sólo sentó la bases para que ocurriera, sino que tenía una visión tan clara que ya tenía un nombre desde el inicio. Bienvenido, Michoacán, a la Cuarta República.


