*Morelia, Michoacán a 06 de mayo de 2026.- Lo que debía ser un ejercicio de prevención terminó por exhibir una preocupante realidad. Tras el Simulacro Nacional, replicado en la capital michoacana, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía revelan una grave carencia de herramientas básicas para enfrentar emergencias en la entidad.
De acuerdo con el Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México, apenas 36 de los 113 municipios de Michoacán cuentan con un Atlas de Riesgos, documento esencial para identificar zonas vulnerables ante sismos, inundaciones o deslizamientos. La cifra enciende alertas, pues deja a más de dos terceras partes del estado sin un diagnóstico claro de sus amenazas naturales.
La situación no es mejor en materia de planeación territorial. Solo 54 municipios disponen de un Plan o Programa de Desarrollo Urbano, lo que implica que en gran parte del territorio el crecimiento poblacional y la expansión urbana ocurren sin lineamientos que consideren escenarios de riesgo.
Este rezago institucional cobra mayor relevancia en un contexto donde los simulacros buscan precisamente fortalecer la cultura de prevención. Sin embargo, especialistas advierten que estos ejercicios pierden efectividad cuando no están respaldados por estrategias formales, protocolos claros y herramientas técnicas que orienten la toma de decisiones en situaciones reales.
En Morelia, donde el simulacro se desarrolló con participación de diversas dependencias, la jornada evidenció también la necesidad de reforzar la coordinación interinstitucional y social. Aunque hubo respuesta ciudadana, persisten vacíos en señalización, rutas de evacuación y difusión de protocolos.
La falta de estos instrumentos no solo limita la capacidad de reacción inmediata, sino que también incrementa el riesgo de pérdidas humanas y materiales ante cualquier fenómeno natural. La información del INEGI deja en claro que el desafío no es menor: Michoacán enfrenta una deuda estructural en materia de prevención y gestión de riesgos.
Mientras los simulacros continúan como ejercicios periódicos, la urgencia apunta hacia acciones concretas. Sin planeación, diagnóstico y protocolos, la prevención sigue siendo más una intención que una realidad.



