Por Lupita Rojas
*Morelia, Michoacán a 27 de septiembre de 2026. — En el deporte de alta competencia, cada centésima de segundo cuenta. Sin embargo, detrás de cada brazada y de cada medalla existe una historia silenciosa de esfuerzo, dedicación y equilibrio emocional. En el marco de las recientes jornadas de competencia, la delegación de paranatación de Michoacán continúa demostrando que el talento local no solo brilla por su técnica, sino por la fortaleza mental y el carácter de sus jóvenes atletas.
Tras intensas jornadas disputadas de viernes a domingo, los resultados reflejan el compromiso de la delegación en sus pruebas.
Nombres como Yerik Farías, Lizbeth Caballero, Michelle Núñez, Sebastián Guzmán, Luis Andrés García, Ángel David López, Matías Fino, Paco Munguía, Paco López, Javier Alegre, Adolfo Herrera, Ma. Fer. Paz, Martha Fer. Ortiz y Evolet Dueñez han dejado en claro que el trabajo en equipo y la constancia rinden frutos en el podio.
Con este destacado desempeño, la delegación michoacana se coloca a tan solo cinco medallas de alcanzar la meta pronosticada de 40 preseas, un hito que consolida a la entidad como una potencia emergente en las disciplinas acuáticas adaptadas.
Un reconocimiento especial merecen aquellos atletas que hicieron su debut oficial, enfrentando por primera vez la presión de un escenario de alta exigencia, así como quienes subieron de categoría para medirse ante rivales de mayor experiencia y velocidad. Dar ese paso requiere valentía, capacidad de adaptación y una preparación mental sólida para canalizar los nervios en impulso.
Más allá de las marcas y los números en la pizarra, esta jornada pone de manifiesto una verdad fundamental: el bienestar emocional en los jóvenes deportistas es la clave del éxito sostenible. Lidiar con la presión, las expectativas y el desgaste físico exige una madurez que se construye dentro y fuera del agua.
Así lo vivió Ma. Fer. Paz, quien compartió una conmovedora reflexión sobre el impacto emocional que conlleva la alta exigencia:
“Hay duelos en los que entras en una especie de depresión deportiva, pero parte del deporte es estar bien, sentir la adrenalina y las emociones juntas; el día que eso se pierde, es momento de frenar y recapitular. Para mí, los 200m combinado individual eran un reto personal; cuando por fin terminé y lo conseguí sin renunciar, me di cuenta de todo lo que soy capaz de hacer. Ya no le tengo miedo a lo que no puedo; me sentí feliz porque concluí la prueba y eso me llenó más que la medalla.
Pero luego vino la frustración, porque para el relevo ya estaba cansada; mi cuerpo no reaccionaba y mi mente colapsó, me disocié y me sentí culpable. Del mismo estrés, hasta el cansancio se me quitó por el compromiso con mis compañeros y por el trabajo en equipo. Regresé a mi centro permitiéndome sentir melancolía, abrazando nuevamente mi esencia. Solo dejé que mi cuerpo sintiera y, mágicamente, el agua me devolvió a mi centro.”
Someterse a intensas rutinas de entrenamiento y aprender a gestionar tanto la frustración como la victoria exige un acompañamiento integral. La salud mental de los atletas no es un lujo, sino una necesidad: cuando la mente está en equilibrio, el cuerpo responde con grandeza.
A medida que la competencia se acerca a su final, estos jóvenes nos recuerdan la verdadera esencia del deporte. No se trata únicamente de subir al podio; se trata de las madrugadas de entrenamiento, la disciplina compartida con entrenadores y familias, y la resiliencia para levantarse tras cada prueba.
Michoacán está a solo cinco medallas de alcanzar el objetivo, pero con el coraje demostrado en la alberca, estos atletas ya se han ganado el orgullo y el reconocimiento de toda su comunidad. ¡A seguir nadando con el corazón y la mente firme hacia la meta!



